
Cada vez es más frecuente y me inquieta. Está ocurriendo últimamente. Voy a los sitios a comprar y no me siento atendida, ¿querida?. Yo pienso que si acudes a un banco, peluquería, asesoría o lo que sea, tú eres el cliente preferente. Tienen que tratarte como si fueras el único, porque es su mínima obligación y ocupación, sobre todo si quieren volver a ver tu cara bonita.
Yo no digo que te hagan la pelota, pero sí que te mimen, que salgas de allí con una sensación de satisfacción, plenitud, sonrisa y ganas de repetir. También que te orienten, pues ellos se supone que son los que saben. La última es que no te dan ideas, incluso a veces riñen. Lo que me faltaba.
-¿Tienen billeteras?-
-mire por ese lado- me dijo, te señalan el lugar y hala,a buscarte la vida
Estas navidades pasadas fue curioso lo que me ocurrió. Voy a una librería a preguntar por un libro y no lo tenían. Le digo al tipo allí sentado que bueno, que si me puede recomendar otro. Me contesta que -él no es muy bueno en eso de recomendar libros... -Me quedo con la cara a cuadros y me voy. Luego pienso, para qué pone éste una librería. Desde luego para vender libros, de esa manera, ni uno.
Caso aparte, ocurre además, que aunque no quedes satisfecho con el trato o el servicio requerido, ellos te van a cobrar lo mismo.
El mundo está muy raro y como no dé un giro, vamos a pique. Aunque claro, si al resto le da igual...
A mi, no.
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