Pues por aquí estamos de nuevo. En un momento de la película en el que lo único de lo que se habla es de chorizos y tonadillera. Por supuesto sin olvidar las tragedias, dramas o como quieran llamarse, pero que te repiten hasta la saciedad, nos dejan fotos de estas potentes, para que no las olvides y sueñes con ellas y que atentan a la dignidad de cualquiera. Y yo que paso. Que no, que no lo sigo. Que no me regodeo en ello y venga y sigo hablando, pues tú viste... qué plan...Había una panadería cerca de mi casa en la que el pan era auténtico. Las galletas, magdalenas y bizcochos no eran industriales, las hacía el panadero con su receta de siempre, que por cierto se llevará a la tumba. No era una cadena, era un currante que se dedicaba a hacer lo que sabía y encima bien. Se jubiló hace unos días. La dependienta llevaba meses temblando porque se quedaba sin trabajo. La buena noticia es que otro panadero ha decidido coger el negocio y mantener ese puesto de trabajo, incluso contratar a un chica más.
Conozco a una madre que tiene salud delicada. Me cuenta que se tiene que levantar varias veces por la noche todos los días. Tiene una niña de doce años que cada vez que oye a su mamá, se despierte para ver qué le pasa y atenderla.
Estas son las historias que me importan y a las que se irán sumando otras. Sencillas, pero fundamentales para poder seguir el día a día con una sonrisa, con el corazón renovado.
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